domingo, 14 de abril de 2013

Un ángel



Y cuando la abrazaba sentía que no podía ser mía. Que debía de aparecer como un ángel y desaparecer de mi existencia cuando no me daba cuenta. No podía creer que aquel olor que desprendía de su cabello, que esa energía que transmitía, que ese cariño entusiasta, pudiese conllevar un mínimo de amor por mí. Y me miraba a los ojos y me decía que me quería. Me insistía a mí mismo que no la creyese, que era una alucinación y que no debía dejarme llevar por esas emociones de calidez y confianza a las que quería mi cuerpo que fuese.

Me sentía injusto por no poder explicar con palabras cuánto la amaba. Me dolía verla sufrir por un amor que ella consideraba no correspondido y que era más real de lo que podría imaginar.
Me acariciaba la mano, me pedía que me quedase para siempre, que buscaríamos la forma de ser felices. Seguía sin saber decir que el simple hecho de su presencia, era para mí la máxima felicidad

3 comentarios:

  1. Que bonitas palabras. Me gusta mucho como escribes.

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