jueves, 21 de marzo de 2013

Amigas



Si algo aprendí de tener una amiga vegetariana, es que muchas veces me gustaba más su opción (de comida, claro). Y yo se lo decía, que antes de conocerla ni siquiera me habría planteado que pudiese vivir así. ¿Qué iba a hacer yo sin jamón ibérico? Pero ella explicaba, tímida y dulcemente, como suele hablar, lo beneficios que se obtenía alimentándose de esta forma.
Y esto era sólo una anécdota de nuestro día a día. Nadie puede imaginar lo que enriquece tener una amiga así: con sus detalles, con nuestras penas compartidas, con las ilusiones, con ese deseo de maternidad contagiada, con una forma tan similar de entender el mundo a pesar de las diferencias…
Ahora estando lejos hablamos. Mantenemos una conversación tan a menudo, que casi parece que nos vamos a ver al siguiente día: “en el metro a las ocho”. Y parece mentira la distancia que nos separa, el tiempo que llevamos sin vernos pero lo “cerquita” que nos sentimos. Y es que así es ella, mi amiga.

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