miércoles, 13 de febrero de 2013

Salamanca



No escribo porque sea San Valentín. Ni porque crea que te acordarías hoy de mí. Pero la magia de Salamanca me llenó hace unos días y apenas puedo respirar otro aire que no sea el de la melancolía.
Creo recordar que por aquel tiempo, el claustro me parecía siempre soleado y nunca percibí el frío que desprende de forma real y el frío que me acompaña por tu ausencia.
Volví a pasear por aquel pasillo que de alguna forma, fue nuestro pues los pensamientos de nosotros y las conversaciones furtivas, eran mi forma de vida.
Dicen que el tiempo cura cualquier herida, excepto la de aquella que ni siquiera se ha tenido el deseo de sanar.
Paseando por la plaza mayor, me contaron la historia de alguien que pudo recuperar aliento para seguir, al sentir que de verdad le pedían perdón por aquel daño que un día le hicieron. Y yo, dueña de mi vida y prisionera de mis recuerdos, ansié que al menos aquel “lo siento” pudiese llegar.
Hasta entonces, seguiremos siendo tan desconocidos como en verdad lo somos

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