miércoles, 17 de octubre de 2012

Parece ser


Parece ser que hoy en día todo está perdido. Si decidiste estudiar: error, el futuro está en la música, la televisión, el triunfo como torero… Si decidiste amar: error, porque la pareja es un impedimento para pasarlo bien. Si por ejemplo decides irte, un tiempo al extranjero, mejor ir soltero, por eso de “no perder oportunidades”. Nada que decir si no conoces Primark y sigues comprando en Zara: ¿cómo es posible?

Evidentemente todo esto va acompañado de comentarios que conllevan emociones de euforia y profunda depresión. Si has cantado en “La voz”, es que “has transmitido mucho”. Si llevas unos tacones nuevos, “es que está hoy que arrasas”. Y por supuesto, si conseguiste ligar jueves, viernes y sábados, “es que has triunfao”.

Parece ser que cada vez resulte más difícil ser realmente auténtico, tener verdadera esencia, si no se recurren a los tópicos más sociales. ¿Es que nadie ha pensado que quizás si el amor de tu vida está en España no vas a perder ninguna oportunidad de besar otras bocas sucias por Europa?

Parecer ser, que de nada sirvió que leyeras a Manolito Gafotas o a Platero cuando eras pequeño si hoy en día, se lleva no haber leído nunca o como mucho, algún libro.

Parece ser, que sólo vas a ser una persona con suerte, si has conseguido obtener un puesto de responsabilidad que te permita un poder para que lo demás te teman.

Y si nada de esto ocurre, es porque no tienes ninguna oportunidad, ¿no? Esas son las cartas que se juegan. Entonces puedes tomar la postura del reproche: de lo dañinos que fueron tus padres, de lo estúpidos que fueron los profesores, de cómo pudiste perder el tiempo estudiando si ahora en un “bolo” se cobra muchísimo; de cómo te pudiste enamorar de él o ella, si te “contaminó”. También existe el del Gobierno, un reproche muy utilizado últimamente.

¿Pero es que nadie se ha parado a pensar que desde que se nace ya se tiene una identidad propia? ¿Que el hecho de pasar por la universidad no fue un mero trámite sino una experiencia de conocimiento profunda y de admiración hacia los profesores? ¿Es que nadie es consciente de lo cómodo que resulta un vaquero y lo socorrido que son? ¿No valió mil veces más ver a la persona a la que amabas y conversar, que todos esos abrazos pegajosos con olor a alcohol? ¿Nadie piensa realmente en lo absurdo que resulta hacer apología de la promiscuidad cuando es un recurso mal usado? ¿No es igualmente bochornoso ver a niñas reconocer su virginidad en televisión como si eso fuese lo único que le importase para demostrar su amor?

A veces la cotidianeidad es el mejor éxito: preparar una tarta, salir de fiesta con los amigos, leer un libro, salir a correr cada día, conversar con quien se encuentre y sonreír y transmitir optimismo, libertad y confianza. Parece ser, que quizás así, no se necesite nada más.

4 comentarios:

  1. Tu transmites algo mucho más grande, si cabe, que la felicidad! =)

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  2. Genial Anita. Un beso desde Poland

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  3. Amén, lo voy a compartir

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  4. genial, querida veterana mía! Y cuánta razón llevas, como nos empeñamos en vivir de forma superficial, en ser como los demás, cuando todo es un "postureo" auténtico...
    Somos realmente felices cuando somos nosotros, cuando queremos y cuando nos quieren por lo que somos, con tacones o con vaqueros, enfadados o alegres. Eso es lo que realmente importa, no tener una vida digna de Paris Hilton o de Barbara Hutton. Ambas, por cierto, totalmente infelices gracias a su "guay" pero banalísima vida. Apostemos por lo que llena y vale de verdad!


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