sábado, 29 de septiembre de 2012

Ajenos


Esa fue la ciudad que nos vio enamorarnos. Lo sé, porque cuando volvimos, sentimos la misma inseguridad que el primer día que paseamos juntos. Apenas un instante, nos sirvió para volver a ser jóvenes dispuestos a experimentar lo desconocido, lo temido pero también lo ansiado, lo esperado y lo deseado. Y fue allí, en ese lugar recóndito que no era más que una azotea de estudiante, donde entre libros, nos encontramos en la esencia de cada uno.

Daba igual que a través de la ventana, la lluvia descargara toda su furia. Incluso que comentásemos la violencia de todo aquello. En aquel instante, lo peligroso nos parecía ajeno, entre tanto amor.

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