martes, 14 de agosto de 2012

Mi viaje


Mi mente no dejaba de pensar en los detalles. El olor de tu cuerpo al abrazarnos, el tacto de tu piel, de tu pelo, tu sonrisa cercana, tu mirada nerviosa…El paso de los días atenuaba mi inquietud: ¿habrías cambiado? ¿Desprenderías la misma tranquilidad de la que siempre fuiste dueño? ¿Serían nuestros comentarios absurdos e incongruentes, quienes siguiesen acompañándonos en nuestros días?

Y suponía que al entrar en tu casa con mi maleta, habrías añadido libros a nuestra biblioteca. No habría polvo por tu esmero, en eliminar cualquier muestra del paso del tiempo, de mi ausencia. Y entonces me volvería loca al sentir que mi hogar seguía siendo nuestro.

Y todo, porque el final de mi viaje eres tú.

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