domingo, 10 de mayo de 2015

Desorden

A pesar de no tener la certeza de que mis emociones son tan auténticas como las del amor, éstas me alborotan de la misma forma. Desde hace tiempo, solo mirarte me conmueve. Y te confieso que no, que en mi tiempo libre, apenas pienso en ti. Pero que irremediablemente, cuando estás cerca, te siento en parte mío. 
La soledad, la confusión, la incertidumbre...me angustian y tranquilizan en la misma medida. Sé que suena extraño, pero esto sé que solo puede pasar contigo, con quien me siento protegida, con quien me siento yo, con quien no podría sentirme de otra manera. 
Y seguramente pase el tiempo, la distancia, los cambios de vida y nos olvidemos de esta parte que solo nos corresponde a nosotros. Maduraremos para camuflar lo que sentimos pero todo esto, cada palabra, cada sonrisa, cada mirada, nos hace sentir muy vivos ahora.

domingo, 14 de abril de 2013

Un ángel



Y cuando la abrazaba sentía que no podía ser mía. Que debía de aparecer como un ángel y desaparecer de mi existencia cuando no me daba cuenta. No podía creer que aquel olor que desprendía de su cabello, que esa energía que transmitía, que ese cariño entusiasta, pudiese conllevar un mínimo de amor por mí. Y me miraba a los ojos y me decía que me quería. Me insistía a mí mismo que no la creyese, que era una alucinación y que no debía dejarme llevar por esas emociones de calidez y confianza a las que quería mi cuerpo que fuese.

Me sentía injusto por no poder explicar con palabras cuánto la amaba. Me dolía verla sufrir por un amor que ella consideraba no correspondido y que era más real de lo que podría imaginar.
Me acariciaba la mano, me pedía que me quedase para siempre, que buscaríamos la forma de ser felices. Seguía sin saber decir que el simple hecho de su presencia, era para mí la máxima felicidad

jueves, 21 de marzo de 2013

Nuestra princesa



Estoy esperando impaciente a esa persona que sé que me cambiará la vida. Ya desde que supe de su existencia, ha empezado a formar parte de mí. Y no sólo porque su mamá sea como una hermana, sino porque todos sabemos que llega en el mejor momento. Va a ser recibida como se merece, como una princesa. Nos negamos a aceptar que nuestra niña no vaya a pedirnos un tutú cuando cumpla cuatro años o que no devore libros como lo hace su madrina. Y es que creo que será tan trotamundos como su mamá pero tendrá la dulzura y honestidad de su papá.
Al parecer lleva ya unos meses dando lata. ¡Lo que se mueve! – dice mamá Lucía. Y digo yo: tiene a quien parecerse. Y es que la abuela Mercedes no es que sea muy tranquila, todo hay que decirlo. Tan pronto está en Salamanca con sus tacones y su sonrisa, como se planta en París dispuesta a conocer cada rincón. Y ahora ilusionada anda con nuestra niña, no es para menos, claro. Ya se ha perdido la cuenta de cuántos vestidos dispone nuestra bebé, de cómo va su carrito Bugaboo o de cómo será su cunita. ¡Ay, cuántos paseos, achuchones y besos le esperan! Porque nosotros, de sangre azul no somos, pero a nuestra princesa no le va a faltar amor.

Amigas



Si algo aprendí de tener una amiga vegetariana, es que muchas veces me gustaba más su opción (de comida, claro). Y yo se lo decía, que antes de conocerla ni siquiera me habría planteado que pudiese vivir así. ¿Qué iba a hacer yo sin jamón ibérico? Pero ella explicaba, tímida y dulcemente, como suele hablar, lo beneficios que se obtenía alimentándose de esta forma.
Y esto era sólo una anécdota de nuestro día a día. Nadie puede imaginar lo que enriquece tener una amiga así: con sus detalles, con nuestras penas compartidas, con las ilusiones, con ese deseo de maternidad contagiada, con una forma tan similar de entender el mundo a pesar de las diferencias…
Ahora estando lejos hablamos. Mantenemos una conversación tan a menudo, que casi parece que nos vamos a ver al siguiente día: “en el metro a las ocho”. Y parece mentira la distancia que nos separa, el tiempo que llevamos sin vernos pero lo “cerquita” que nos sentimos. Y es que así es ella, mi amiga.

Parejas



Creo que llegará un día en que tendremos que aprender a asumir la realidad de una relación amorosa. A pesar de que intentemos normalizar determinadas conductas, no podemos evitar reconocer el mal que muchas de ellas provocan.
Existen tantos tipos de relaciones como personas. Sin embargo, en todas ellas reconocemos lo doloroso que supone la infidelidad. No por el acto en sí, sino por la traición que eso conlleva a la identidad de uno mismo. Hay quien prefiere reconocer que eso forma parte de aquello que está construyendo y a quien simplemente, lo omite de su pensamiento. Sin embargo, es una circunstancia concreta que puede ocurrir y que por qué no, podríamos aprender a evitar. ¿De qué forma? Con el diálogo y el amor, ¿cómo sino?
Y es que lo que parece que queremos esconder, es que la infidelidad, es una forma más de violencia. Una violencia camuflada por la apariencia, el desamor y la ingenuidad, pero que es una muestra más de dolor.

miércoles, 13 de marzo de 2013

Ya tocaba...



Cuando regreses vas a tener que quererme mucho, por el tiempo que yo te estoy queriendo. Habrá que acercar distancias y no sólo físicas. Tendremos que reconciliarnos con quienes fuimos y quienes somos ahora.
Porque la primera vez que nos vimos, éramos apenas unos chicos dispuestos a pasarlo bien. Y nunca fui consciente de cómo eso iba a marcar lo que vendría después.
Tendremos que mirarnos a los ojos, besarnos con ternura y algún “te quiero” tendrá que ser pronunciado. No porque sea obligatorio todo esto sino porque es necesario.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Salamanca



No escribo porque sea San Valentín. Ni porque crea que te acordarías hoy de mí. Pero la magia de Salamanca me llenó hace unos días y apenas puedo respirar otro aire que no sea el de la melancolía.
Creo recordar que por aquel tiempo, el claustro me parecía siempre soleado y nunca percibí el frío que desprende de forma real y el frío que me acompaña por tu ausencia.
Volví a pasear por aquel pasillo que de alguna forma, fue nuestro pues los pensamientos de nosotros y las conversaciones furtivas, eran mi forma de vida.
Dicen que el tiempo cura cualquier herida, excepto la de aquella que ni siquiera se ha tenido el deseo de sanar.
Paseando por la plaza mayor, me contaron la historia de alguien que pudo recuperar aliento para seguir, al sentir que de verdad le pedían perdón por aquel daño que un día le hicieron. Y yo, dueña de mi vida y prisionera de mis recuerdos, ansié que al menos aquel “lo siento” pudiese llegar.
Hasta entonces, seguiremos siendo tan desconocidos como en verdad lo somos

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Realidad



Ya lo negarás. Dirás que fue fruto del alcohol, del entusiasmo del momento, de ese no sé qué que te ocurre cuando llegas a casa después de una noche de fiesta, de esas soledad que a veces te acompaña, de esa impulsividad a reconocer aquello en un determinado momento para después olvidarlo… Cualquier excusa servirá para no decir cuándo me amas.

viernes, 30 de noviembre de 2012

Perdón


Asumamos nuestras culpas. Reconozcamos las equivocaciones y busquemos una solución. No utilicemos excusas para no situarnos en aquello que nos proteja de una posible reprimenda. No seamos cómplices de desigualdades e injusticias. Ensuciémonos de reprimendas, para después salir al mundo con una imagen de disculpa.

Donde seamos infinitos


Si realmente el mundo se acaba, quiero dejar escrito que antes de que todo termine, necesito un reencuentro. No tiene que ser físico, no tiene que ser real. Pero quiero un reconocimiento, una excusa, una espera finalizada, una noticia, una carta, un abrazo. Quiero verte en los sueños, en los que me acompañen siempre: aquí, allí o donde estemos. Esa imagen de ilusión, de placer, de sencillez y nostalgia, de pasión y odio, de deseo de tenernos y de alejarnos por miedo a la herida. Esa es la que necesito. Allí te espero, donde nosotros seamos infinitos.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Aquí


Aquí fue donde me quedé pensando en ti. La inmensidad de la ciudad me hacía sentir tan pequeña, que pensaba que quizás la casualidad de volverte a ver era improbable. Y sin embargo, ansiaba que eso ocurriese. Y te imaginaba caminando con esa sonrisa que ponías de incredulidad al encontrarnos.

Que el ruido no medie en tus pensamientos, que sean tuyos, que sean míos, que te recuerden a nosotros. Que nos encontremos, sí, justo aquí, donde yo me quedé.

viernes, 2 de noviembre de 2012

NY


Lo del whisky es cierto y suena Bob Dylan. Fuera llueve y a pesar del miedo, el riesgo a preguntar lleva a saber.

Es bonito imaginar un chico recorriendo el mundo. Caminando por unas calles amplias y abarrotadas de gente en NY y observando todo. Así, descubriendo cada día qué quiere conseguir.

Seguramente sea capaz de poner una canción a cada momento de su vida. Hay gente con esa capacidad. Y parece ser, que sonaba esa música cuando empecé a conocerle.

Quiero pensar que el whisky lo bebe como lo hacen los bohemios, que su casa está llena de libros y que se siente acompañado por él mismo durante el día y por la luna cada noche. Quién sabe si necesita más compañía.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Parece ser


Parece ser que hoy en día todo está perdido. Si decidiste estudiar: error, el futuro está en la música, la televisión, el triunfo como torero… Si decidiste amar: error, porque la pareja es un impedimento para pasarlo bien. Si por ejemplo decides irte, un tiempo al extranjero, mejor ir soltero, por eso de “no perder oportunidades”. Nada que decir si no conoces Primark y sigues comprando en Zara: ¿cómo es posible?

Evidentemente todo esto va acompañado de comentarios que conllevan emociones de euforia y profunda depresión. Si has cantado en “La voz”, es que “has transmitido mucho”. Si llevas unos tacones nuevos, “es que está hoy que arrasas”. Y por supuesto, si conseguiste ligar jueves, viernes y sábados, “es que has triunfao”.

Parece ser que cada vez resulte más difícil ser realmente auténtico, tener verdadera esencia, si no se recurren a los tópicos más sociales. ¿Es que nadie ha pensado que quizás si el amor de tu vida está en España no vas a perder ninguna oportunidad de besar otras bocas sucias por Europa?

Parecer ser, que de nada sirvió que leyeras a Manolito Gafotas o a Platero cuando eras pequeño si hoy en día, se lleva no haber leído nunca o como mucho, algún libro.

Parece ser, que sólo vas a ser una persona con suerte, si has conseguido obtener un puesto de responsabilidad que te permita un poder para que lo demás te teman.

Y si nada de esto ocurre, es porque no tienes ninguna oportunidad, ¿no? Esas son las cartas que se juegan. Entonces puedes tomar la postura del reproche: de lo dañinos que fueron tus padres, de lo estúpidos que fueron los profesores, de cómo pudiste perder el tiempo estudiando si ahora en un “bolo” se cobra muchísimo; de cómo te pudiste enamorar de él o ella, si te “contaminó”. También existe el del Gobierno, un reproche muy utilizado últimamente.

¿Pero es que nadie se ha parado a pensar que desde que se nace ya se tiene una identidad propia? ¿Que el hecho de pasar por la universidad no fue un mero trámite sino una experiencia de conocimiento profunda y de admiración hacia los profesores? ¿Es que nadie es consciente de lo cómodo que resulta un vaquero y lo socorrido que son? ¿No valió mil veces más ver a la persona a la que amabas y conversar, que todos esos abrazos pegajosos con olor a alcohol? ¿Nadie piensa realmente en lo absurdo que resulta hacer apología de la promiscuidad cuando es un recurso mal usado? ¿No es igualmente bochornoso ver a niñas reconocer su virginidad en televisión como si eso fuese lo único que le importase para demostrar su amor?

A veces la cotidianeidad es el mejor éxito: preparar una tarta, salir de fiesta con los amigos, leer un libro, salir a correr cada día, conversar con quien se encuentre y sonreír y transmitir optimismo, libertad y confianza. Parece ser, que quizás así, no se necesite nada más.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Por el cielo


Como amar siendo niños. Así, limpios de corazón. Sólo pensando en el cielo en el que nos conocimos, en lo difícil del aterrizaje y en el caminar en la tierra.

Porque el celeste de tu camiseta es el color que eligen las mamás para vestir a sus bebés varones cuando nacen. Y sin perder ni un poco de tu inocencia, mirabas, sonreías y aguardabas cualquier instante para hipnotizar.

Uno nunca sabe con quien se reencontrará ni qué vivirá, cómo dos países se pueden unir por un instante o unas horas. Y resulta divertido recordar cómo un niño corría por el pasillo y era a él a quien alejabas tu mirada. O cómo eres capaz de calcular, cuánto tiempo falta para que el avión finalice su trayecto.

Ni siquiera sé la razón por la que aún conservamos lo mágico de aquel encuentro ya que tú, el chico que transmitía felicidad, no eras más, que aquel que despertó lo que en mí ya creía que no existía.

Espero que las casualidades, nos acompañen algún otro día, para de esta forma, volver a sentirnos tan nerviosos como aquel instante.

lunes, 1 de octubre de 2012

No perdonaría


No perdonaría que no hubiese un reencuentro. No perdonaría que aun siendo viejos, nos añorásemos imaginándonos jóvenes. No perdonaría que no hubiese un intento por reescribir nuestra historia. No perdonaría que cada uno hiciese una vida siendo infeliz. No perdonaría que la esencia de lo nuestro se perdiera, que los besos que nos debemos, se camuflaran en falsas intenciones hacia otros. No perdonaría que aquella sonrisa de despedida, fuese la última.
No puedo perdonar seguir viviendo sin ti.

sábado, 29 de septiembre de 2012

Lecciones de vida



Debo reconocer que en momentos como estos me siento afortunada. No me refiero a estos minutos, ni a este día en concreto, sino al periodo que vivo. Sé, que si algo aprendido de mi soledad, es mucho de mí misma. A la vez añoro, pienso, recapacito, acerca de todo aquello que me ha rodeado y que, de alguna forma, ha sido o es mío. Y en ocasiones me sonrojo al recordar mis errores que por fortuna han pasado y que ahora no son más que eso, lecciones para aprender.

Ajenos


Esa fue la ciudad que nos vio enamorarnos. Lo sé, porque cuando volvimos, sentimos la misma inseguridad que el primer día que paseamos juntos. Apenas un instante, nos sirvió para volver a ser jóvenes dispuestos a experimentar lo desconocido, lo temido pero también lo ansiado, lo esperado y lo deseado. Y fue allí, en ese lugar recóndito que no era más que una azotea de estudiante, donde entre libros, nos encontramos en la esencia de cada uno.

Daba igual que a través de la ventana, la lluvia descargara toda su furia. Incluso que comentásemos la violencia de todo aquello. En aquel instante, lo peligroso nos parecía ajeno, entre tanto amor.

martes, 14 de agosto de 2012

Mi viaje


Mi mente no dejaba de pensar en los detalles. El olor de tu cuerpo al abrazarnos, el tacto de tu piel, de tu pelo, tu sonrisa cercana, tu mirada nerviosa…El paso de los días atenuaba mi inquietud: ¿habrías cambiado? ¿Desprenderías la misma tranquilidad de la que siempre fuiste dueño? ¿Serían nuestros comentarios absurdos e incongruentes, quienes siguiesen acompañándonos en nuestros días?

Y suponía que al entrar en tu casa con mi maleta, habrías añadido libros a nuestra biblioteca. No habría polvo por tu esmero, en eliminar cualquier muestra del paso del tiempo, de mi ausencia. Y entonces me volvería loca al sentir que mi hogar seguía siendo nuestro.

Y todo, porque el final de mi viaje eres tú.

lunes, 2 de julio de 2012


Porque esos ojos verdes merecían ser mirados. El tiempo pasaba y casi nos sentíamos hipnotizados en ese instante, que pretendíamos que fuese eterno. Una sonrisa tímida rompía el encuentro. Y apenas sin entendernos nos preguntábamos acerca de lo difícil que supondría, sentirnos cerca cuando cada uno debía permanecer en su vida, en nuestras vidas alejadas.

Ese beso corto, intentando simular pasión. El beso dado por niños adultos, en un lugar oscuro permitió la despedida.

martes, 19 de junio de 2012


No podría recomponer la historia. Son demasiados detalles los que olvidé. Sólo a veces un olor, una visión, un instante me permite sentir aquello que fue mío. Si volviese atrás, apuntaría cada suspiro, cada lágrima de esa historia, para poder decir, cómo en realidad sucedió.